¿Real trap sh*t?

Una aproximación crítica al feminismo aceleracionista. Seminario en "Cultura Visual Contemporánea", Escola Massana (UAB).

Bitch soy una obra de arte

El trap es una movimiento contracultural que se origina a finales de los noventa en la escena del Medio Este y Sur de los Estados Unidos como respuesta a la famosa crisis de los opiáceos. Impugna una filosofía audiovisual aceleracionista en la que venderse a la imagen-marca será su mayor cometido. El aceleracionsimo se sostiene en la actitud hacia el límite existencial de los deseos y tecnologías de los que se alimenta el capitalsimo. En ese sentido, rechazar el dogma –como hizo el punk de los ochenta– o acelerarlo son dos posiciones distintas con un mismo objetivo: llevar el capitalismo a sus últimas consecuencias y alcanzar si cabe un estado de singularidad. Un grado zero de la identidad.

“Si hay una política en el trap es una política que no está supeditada a las formas clásicas de la representación o de la participación en las decisiones comunes” declaró la trapera que se define a sí misma como “La Zowi puta”. Pero ¿funciona esa definición como síntesis de un feminismo aceleracionista?

El culto a la mercancía o cargo cult –que tiene sus orígenes a finales de la 2ªGM en la relación Usa-Pacífico–; la escenificación de una clase social “rica” a la que una no pertenece y la apropiación de sus códigos y privilegios; venderse a la piel más superficial del consumo de cuerpos, substancias y objetos; o la desmitificación de la “mujer-doméstica” como distinción entre lo público y lo privado, son algunas de las consignas hacia una despolitización de la riqueza y sus formas de capitalización.

Conversamos con Jean Deux, Lory Money, Blondie, Yung Beef, Olympia, Mauro Reis, Nathy Peluso, Alex Williams y Nick Srnicek, Las Meninas, Ernestro Castro, Bbymutha, Nitty Scott, Ms. Nina…